A Maya.

 Luna abrazada a un tótem llevada a la mar.

DSC00314

Retendremos en nuestra memoria la lealtad entregada de una hermosa hembra compuesta de un nombre tan seductor como el de una reina venida del Yucatán. Atraeremos hasta el corazón a la imagen de ese cuerpo tuyo cubierto de rizado pelo negro azabache iniciado sobre esas orejas agachadas y entre caídas y tan graciosas terminadas en la redondez de un cuello cubierto de blanda lana que en incontables ocasiones hemos acariciado mientras estabas acostada de lado en el fresco suelo del que ha sido tu hogar durante tantos años y, era que siempre nos buscabas las yemas de los dedos entre más caricias y suaves palmadas y cosquillas idas a tu vientre donde se unía con este otro recio cabello acaracolado de blanco pastel que desde un hermoso torso se volcaba y te vestía la parte interior de las piernas que tantas veces han recorrido todas las estancias donde reposábamos. Sucedió, sucedió al compás de huellas de pies descalzados, sujetados a almohadillas desnudadas mientras trenzaban y apilaban lucidos días de tiempos memorables, días sólidos y completos, repletos de baúles en blancos y negros donde los grises nunca existieron, baúles llenados de quehaceres cotidianos instaurados para hechizar y amortiguar a la vida a veces como huida; también los hay de lienzos de instantes regalados por ti para nosotros.

Se intuían aquellas complicidades traspasadas de unos a otros, se sabía cuando llegaban las huellas de tus pies descalzados, venían y se subían a nuestros sueños y de nuevo volvían las palomas a cruzar los mares.

Ahora ya nos quedarán jardines de jazmines prodigiosos que sonarán iguales a gemidos de campanas insinuantes que se colarán entre el sudor y el delirio, pero, inmensos tus pasos transitaron, evocaron y cedieron un lugar exacto edificado para atraer a las nanas que han de ser cantadas en silencio a unas almas que descansan.

Siempre fueron los destellos de tus tiernas miradas  quienes cruzaron con sus acordes de cigarra a las horas venciendo a las madrugadas, y , nunca te olvidabas, en tantas ocasiones nos has atendido en las amplias noches de vigilia cuando presagiabas que la melancolía nos rondaba; entonces nos acompañabas en cada lagrima vertida y nos esperabas quieta y callada hasta que la tristeza ya no nos acechaba, o al oír aquel golpe seco  provocado al hacer girar una llave sobre la cerradura alojada en la puerta de la entrada principal; entonces, después, nacían las hadas, sus alas y la magia que solo tú fuiste capaz de inventar contoneando ese mediano cuerpo entero entregado a la felicidad de un humilde hogar ahora ennoblecido al crear un vinculo preciso ofreciendo armonía y pasión en un lenguaje corporal cargado de gestos honestos.

Grabaremos en nuestra memoria a aquellos paseos ceremoniales que nos brindabas cuando regresábamos al hogar, resultará imposible olvidarlos porque son fotogramas adheridos al sentimiento, al tacto y a las retinas. Son retratos colgados a la mente, extractos y sumarios personales salientes alojados en escenas llenas de vida, deseos entrados a la emoción al pensarte en una solo esbozo que te describe y te define en el último acontecimiento con el que hoy de ti nos quedamos antes de dejarte huir.

Al vernos te descomponías, te desatabas enteras las ganas en un manojo de nervios que te llevaban como a un demonio, he ibas y venias gastando las pezuñas y las baldosas abanicándonos con el rabo ascendido entre saltos y alegres lloriqueos terminados a la altura de nuestra cintura y, otra ve vez volvías y recorrías el espacio concreto de donde provenían los olores que nos abrían el apetito y aquel umbral en el que tú nos anunciabas a los demás sobre reverencias, juegos y aún más abundantes festejos …

28/7/2014.

Rafael de Iñaki.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *