Coach. II.

En nuestro día a día sobre todo hay que nutrirse de instantes agradables y placenteros.

Este tal vez sea un buen momento para dar un paso más.

Me gusta comunicarme con los demás, disfrutar de quiénes son y aprender, también recoger todo aquello que pueda plasmar en palabras y obsequiar mediante escritos anotando en mi memoria lo mejor de cada una de las personas que voy descubriendo en el día a día con motivo de compartir.

Hace tiempo que tenía ganas de dar un paso más, y, no digo que compartir experiencias no sea grato, pero, siempre he observado que en mi fuero interno faltaba algo, hoy lo sé.

Ayudar de una forma práctica.

Redactar cuentos, relatos, poemas, pensamientos, reflexiones y crítica social aderezada con instantáneas, resulta hermoso, pero no es suficiente.

Me encanta la gente, verla sonreír y después sentir como se ríe a pulmón partido, pero, sobre todo me nutro de aquellos instantes agradables. Me nutro al observar la cara de sorpresa de un niño nipón y todo lo que expresa y dice gestualmente al verle probar por primera vez la llamativa rosa golosina de un algodón dulzón en aquella diminuta tienda ubicada en la masificada calle de Teresita Dorí en la mega urbe de Tokio, y, si una vez describí; la majestuosidad de un hotel cercano a la puerta de la India y que nace frente al mismo embarcadero desde donde se parte hacia la Isla Elefanta, pero, nunca sin antes quedarse prendado y tocado para siempre de una enigmática ciudad tan llena de contrastes. Hablo de aquella Bombay con sus desheredados, con sus castas, con sus caóticas calles y sus decorados donde la distancia que separa la abundancia de la miseria la dicta el ancho que ocupa una avenida…

Jardines, fuentes y adoquines son quienes te saludan antes de llegar a los mismos pies de las torres Petronas, después, el lujo asiático te emborracha, también te embriagan sus jardines interiores, y, aún sin conocernos de nada, aquel extenso piro musical nos unió.  A media tarde a finales de diciembre, ella, tan descarada, se asomaba seduciendo; ahora iluminada, y, recién acicalada, iba y se contoneaba y nos dejaba esencia a madre selva. Después, asomada a esa ventana natural como columpiada en la maraña de agua dispersada que la cobijaba en la distancia de nuestras miradas penetrantes. Ella, lucía una larga trenza sobre sus hombros desnudos y erguidos, y entre luces cambiantes y piruetas de aspersores enraizados a unas dulces notas melódicas, iba y nos atraía hacia la estructura titánica de sus muslos vestidos de piel de seda y de medias de transparencia que dejaban entrever toda la sexualidad que la componía; también la acompañaba la dulzura traída desde dentro del alma yendo hacia fuera a buscar el contorno de sus negros ojos entregando aquella afectuosa mirada que nos invitaba a recoger una virginal pasión que nos regalaba para volver a amar otra vez a la vida desde una navidad que nos convoco en aquel lugar donde el lujo no nos impedía reconocer la humildad, la entrega y la compasión hacia los demás. No, no hubo nada que nos distanciara, absolutamente nada, ni credos, ni condiciones sociales, ni ideales. Allí, en aquel patio interior adornado entre jardines de juncos, de fuentes, de bloques de refinada piedra y de suntuoso cristal; se dio. Si, el sentimiento y la emoción nos unió.

Ahora me vienen bellos recuerdos de conversaciones placenteras, imágenes que se suceden desordenadas y que sobrevuelan en mi imaginación de forma frenética, de pronto, en mi mente se detiene una secuencia en la que predomina el azul raso de un cielo primaveral que converge con un verde aturquesado que se cae sobre el agua salada en la línea del horizonte, y, a cincuenta metros de altura, en la azotea de la terraza, al fondo de un espacio rectangular, justo frente a la piscina abarrotada de tumbonas y de mesas bajas que acogen a los cocteles y a los refrescos, suena suave una música que late y acompaña a los rostros y a las voces, una música que emerge, que evoca y que convoca a ir a susurrar al oído intimas confidencias.

Me encanta la gente, verla sonreír y después sentir como se ríe a pulmón partido, sobre todo me gusta ver a las chicas cuando adoptan esa posturita ahí como de pie con las piernas entrecruzadas y dejan caída la mano izquierda apoyada en su vientre mientras ellas arqueadas hacia delante sostienen una copa de vino con la mano derecha haciendo equilibrios para no derramar ni una gota, y, con la cara desencajada y las risotadas tan felices van y se dejan llevar por las bondades terapéuticas que entrega el humor, y tan anchas y tan felices contagian de felicidad y de magia a los que estamos allí postrados tan formales y hundidos en ese protocolo social de aparentar saber estar… Pero será que no, siempre será mejor dejarse llevar y pasarlo bien siendo espontáneos y naturales.

No es oro todo lo que reluce.

Cuando nos relacionamos, al profundizar un poquito en cualquier conversación, se observa y a la misma vez se percibe, que en mayor o en menor medida, en alguna etapa concreta de nuestras vidas, todos hemos sido tocados por una vivencia personal que nos ha dejado huella y que va haciendo mella porque aún no hemos conseguido superarla. Continuamente estamos lidiando con ella de la mejor forma que sabemos gastando un tiempo valioso y una energía que nos agota; un tiempo y una energía que hay que saber dosificar.

En ciertas ocasiones me han preguntado porque hablo de la felicidad si esta no existe, y, siempre respondo lo mismo, la felicidad está ahí, al alcance de tu mano, a tu lado, solo se trata de ir a buscarla, solo se trata de creer en ti mismo y de tener la valentía de intentarlo de verdad, y, si resulta que me equivoco, pues no pasa nada, hay que volver a levantarse y proseguir caminando.

Cuerpo y mente sana.

Estos son dos objetivos difíciles de conquistar en la vida. Hallar un equilibrio entre ambos propósitos, no resulta nada fácil; yo mismo bien lo sé, y, la verdad, es que, en ocasiones resulta que somos demasiado dependientes de nuestro alrededor más inmediato.

Todos estamos compuestos de debilidades y también de fortalezas.

Una de las claves que nos podrá ayudar a resolver alguno de nuestros conflictos internos, es la de llegar a conocernos bien a nosotros mismos para saber cuáles son nuestras debilidades y cuáles son nuestras fortalezas, y, acto seguido ir a reforzar todos aquellos aspectos personales en los que detectemos carencias.

Detectar y enmendar.

A día de hoy resulta complejo acertar a definir cuál de las terapias de entre todas las que tenemos a nuestro alcance, nos resultará más apropiada y se ajustará mejor a nuestras necesidades.

Existen tantas metodologías…

En fin, se podría hablar largo y tendido sobre cada una de ellas, pero, lo más importante es marcarse un objetivo claro que nos ayude a superar aquella dificultad que aún tenemos sin resolver y que nos pueda acercar al camino adecuado que hemos de recorrer para encontrar nuestra propia felicidad.

Mientras tanto, para quien crea que la introspección personal puede ser positiva, aquí le dejo dos pensamientos.

Conócete a ti mismo, y, ya tendrás la mitad del camino conquistado.

Sincerarse es bueno porque nos enriquece si lo hacemos de una forma sana. Hazlo siempre que creas que lo necesitas y, se dé la oportunidad.

Tal vez este podría ser un buen momento para que te plantees si merecería la pena dar un paso más.

Rafael de Iñaki.

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