He soñado con ella.

Patrona de velero, mientras ahora surcas en catamarán estas aguas azulinas de allá del este de un mediterráneo bordeando toda la costa Ateniense, aparecerá. Será que vendrá un viento de suave brisa venido de poniente quien después te llevará frente a la misma isla de Mikonos. Y, desde los circulares blancos molinos ataviados de brújulas, sextantes y otros aparejos, te extenderé una pasarela aturquesada adornada con pétalos dejados caer como verdes perlas de unas manos solo para tus descalzos pies.

                                                        Para ti será traída toda la ternura. Sí.

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Orquídeas para esas manos de Seresade de las mil y una noches de abril en un mes elegido en este pueblo donde una rosa del desierto desprende el mismo color que la carne de tus mejillas, y, es en las aristas donde te veo reflejada en esas cálidas voces que me dicen como brillan las pupilas de tus dos retinas.

Azucenas rojas y azules y verdes y rosas que vienen y se caen desde los dulces versos que te traerán mis amigos los poetas…

Sí, a todos ellos les voy a hablar de ti, tú les vas a inspirar. Primero me preguntaran que se puede encontrar por dentro en ti, después, me preguntaran que se puede descubrir por fuera en ti, y, lo entenderán…

Ellos te seguirán con sus palabras e inventaran otros alfabetos donde todas las letras serán nuevas…

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Sensaciones de olores a mujer sencilla a carta cabal, a mujer a deje castellano traído con ella en la modulada voz de una hermosa tierra que la vio nacer.

Y encima y debajo y por fuera y por dentro, tú vienes y llegas entera, y te muestras alegre, sencilla, humilde, inteligente, sutil, de mente despierta y aguda, simpática, divertida, y ahora vamos y juntos y nos reímos y calculamos los momentos, degustamos los instantes, elegimos estar equilibrados, nos cuidamos los cuerpos, nos mimamos en los atardeceres de estos viernes de otoño, nos llegamos hasta Nápoles y a la fortaleza de Pompeya a la orilla del Danubio y nos atiborramos de pizza y de buena música, de historia, de vida, de sueños de piedra caliza que señalan al este de un mar mediterráneo.

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Vayámonos de crucero al Báltico en este mismo invierno, sigamos la luz abierta que nos indica un lucero, lugar exacto donde ir a vencer de una vez al tiempo. Quedémonos en las islas afortunadas, vayámonos a las canarias, tomemos todo el sol que siempre crece bajo el puerto de la Cruz a la misma orilla del Teide mientras nos bebemos otros dos zumos de limón.

Tal vez sea que otra vez volverá. La canción al sonar a ella la regresará…

Rafael de Iñaki.

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